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Antiguo Cine Colonial, ubicado en el Portal Matamoros. Se tiene planeado que sea ahí el Teatro de la Ciudad, con la aportación económica de los tres niveles de gobierno.

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Las generaciones de nuestro tiempo, seguramente ya no tienen noción de los principios del cine, hace más de cien años, con las películas mudas. El primer cuarto de ese siglo veinte, las películas mudas fueron la gran atracción. El drama teatral encontró otra posibilidad de llegar a un mayor público y se convirtió en película. Pero la comedia también exigió espacio en esa nueva forma de expresión y los comediantes ingresaron al cine.
En el primer género, las multitudes femeninas iban al cine para "ver" a su amado "Rodolfo Valentino" quien despertaba la más grande admiración. En la comedia, tres personajes fueron realmente fantásticos: Stan Laurel y Oliver Hardy, mejor conocidos como "El gordo y el flaco" y Charles Chaplin.
El cine mudo era una maravilla fascinante. Cuando apareció el cine sonoro al finalizar el primer cuarto del siglo veinte, el espectáculo se convirtió en una parte de nuestra vida porque creció la admiración hacia el llamado "séptimo arte". Ir al cine se convirtió en una necesidad para admirar al galán o a la estrella.
Guardo en mi memoria a tres películas sonoras que intentaron presentar una historia sin recurrir a la palabra hablada. Se trataba de privilegiar la imagen y el sonido ambiental sin ningún diálogo.
La primera es norteamericana: "El ladrón", la vi en el cine Colonial y sólo recuerdo el nombre del actor Ray Milland. La otra es un película francesa: "Mi tío", para contrastar dos ambientes sociales diferentes del personaje principal que es un niño de familia muy rica, con todos los lujos posibles y automáticos en su gran casa que le dan un ritmo de vida sincronizado, desde que llega a su casa de la escuela, con la puerta automática que se abre, las barredoras automáticas y hasta la cocina, donde unas manos automáticas mueven y sirven los platillos de la comida. El tío es un modesto "periodista" que reparte periódicos en su bicicleta y cuando el niño sale a pasear con él, disfrutan de tantos momentos gratos que enriquecen la vida del niño. Es una película sonora pero no hay una sola palabra hablada.
La tercera película de este tipo es "Yanko" basada en el poema "El violín de Yanko" (no recuerdo el autor). Se trata de un niño pobre quien aspira tener un violín porque admira el sonido de ese instrumento. Con sus escasos recursos se hace uno, "violín tan semejante a los violines, como un trozo de cristal a los luceros”. La película es mexicana, filmada en Xochimilco, la considero como obra de arte porque sin ningún diálogo expresa claramente la angustia del drama. Con un saludo a los lectores de "Morelia, lo nuestro" este recuerdo.
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