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Por: Daniel Solís Suárez

 

ahora se sorprendan y quieran ver a la influenza como algo ajeno, raro o desconocido para ellos; tal vez fuera necesario que revisaran la historia, su historia.
       El 13 de Agosto de 1521 cayó Tenochtitlán, y ese hecho, marcó el fin de una época y el comienzo de otra, “la Colonización“, al llegar los españoles a América encontraron que existía una excepcional “medicina autóctona” pero que, al traer enfermedades hasta entonces desconocidas por los curanderos indígenas, no había remedio para ellas, por lo que Hernán Cortés se dio a la tarea de construir hospitales.
        Y como no lo habría de hacer, si las epidemias diezmaban a los indígenas, principal fuerza de trabajo, hasta antes de la llegada de los esclavos negros, de la que dependía la economía del virreinato, el problema de las infecciones y epidemias en esa época, era que no sólo enfermaban, sino que mataban a la gente y eso, a querer o no, tenía repercusiones sociales y económicas.
                La fundación de templos, escuelas, monasterios y hospitales; contribuyeron a que la conquista se consolidara, pues fue mediante la Religión, la Educación y la Salud, que se logró la empresa.
                El Fraile Francisco de Ajofrín, cita en su obra Diario del viaje a Nueva España: una clasificación de enfermedades: el Vómito Prieto, la epidemia llamada MATLASAHUA enfermedades que califica de terribles, el CACOLISLTE (dolor en el costado) y el CHAHUISCLE (ardor en los pies), que por cierto, donde habré oído eso de… ¡Ya nos cayó el chahuiscle!, frase utilizada para referirnos a algo que nos molesta o disgusta.
        En fin, desde entonces y a través de los siglos, nuestro país ha sorteado epidemias y enfermedades virales y contagiosas en mayor o menor escala, de las que siempre ha salido adelante, por lo que hoy no debemos asustarnos y sí en cambio, serenarnos y actuar con cautela y prudencia, pues esta nueva epidemia del siglo XXI, no fue, ni es, ni será, como las de los siglos XVI y XVII. Que no nos quede duda de ello.

Ante la tan llevada y traída crisis sanitaria provocada por la influenza, y la próxima celebración del Bicentenario de la Independencia, no pude evitar imaginarme y asociar, cómo debieron ser las epidemias en tiempos de la Colonia.
                En nuestro país, el periodo de la Colonia poco se recuerda, pues se considera que fue una etapa “oprobiosa” de nuestra historia, y por ello, poco se sabe de aspectos como la salud, la asistencia social y las enfermedades de esa época, si los comparamos con lo que se conoce de épocas como la Precolombina, la Independencia, la Reforma y no se diga la Revolución.
                Si bien es cierto que en todas estas épocas hubo en algún momento epidemias y enfermedades que azotaron al país, me remonto al tiempo de la Colonia porque fueron los conquistadores españoles, quienes trajeron al nuevo mundo, enfermedades, infecciones y epidemias desconocidas hasta entonces.
        Con los Españoles, llegaron la Viruela llamada “COCOLIZTLI”, el Sarampión “TOPITONZAHUATL”, y “EL TABARDILLO”, epidemia que en 1576 causó la muerte de ¡dos millones de indígenas!, nada más y nada menos que una quinta parte de la población; habría que preguntarse, en ese tiempo ¿quiénes fueron los responsables?.
         Tal vez valiera la pena hacer un alto aquí, y recordarles a los europeos que ellos hace más de 500 años ya padecían de enfermedades, infecciones y epidemias que en la Nueva España no existían, por lo que resulta absurdo y hasta cínico de su parte, que

 
 
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